La renuncia del primer ministro KP Sharma Oli no logró frenar la furia de las calles en Nepal. Este jueves, cientos de manifestantes, en su mayoría jóvenes de la llamada “Generación Z”, irrumpieron en el Parlamento y lo incendiaron, junto con residencias de líderes políticos y sedes partidarias.
El estallido social fue detonando tras la polémica decisión del gobierno de prohibir las redes sociales, pero rápidamente se transformó en un movimiento más amplio contra la corrupción, el nepotismo y el desgaste del sistema político.
La represión de las fuerzas de seguridad dejó un saldo de 19 muertos y más de 300 heridos, lo que agravó aún más el clima de tensión. Pese a que el gobierno decidió levantar el bloqueo a las plataformas digitales, el país continúa bajo un toque de queda indefinido.
Entre los principales blancos de la protesta se encontraron las residencias del propio Oli, del presidente Ram Chandra Poudel y de otros altos dirigentes. La violencia también alcanzó propiedades privadas de políticos influyentes, profundizando la crisis institucional.
Katmandú vive horas de extrema incertidumbre, en un escenario que marca una crisis política sin precedentes en Nepal.
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