Este martes, Kamala Harris y Donald Trump se enfrentan en una de las elecciones presidenciales más reñidas y trascendentales de la historia reciente de Estados Unidos. La votación no solo definirá la agenda doméstica y geopolítica de los próximos años, sino que también podría transformar la posición de Washington en el ámbito internacional, afectando desde la crisis en Medio Oriente y la guerra en Ucrania hasta el cambio climático y el avance global de China.
Con una contienda extremadamente pareja, el resultado depende de siete estados clave: Pensilvania, Georgia, Carolina del Norte, Michigan, Arizona, Wisconsin y Nevada. Cada uno aporta una cantidad decisiva de electores y presenta particularidades sociales y políticas que los candidatos han tratado de conquistar intensamente en las últimas semanas de campaña.
Ambos tienen posturas antagónicas en temas críticos. Trump planea reducir la asistencia militar a Ucrania, respaldar firmemente a Israel en su conflicto con Hamas, minimizar la inversión en la OTAN y adoptar una política hostil hacia China. Harris, en cambio, ha expresado su intención de aumentar el apoyo militar a Ucrania, restringir la asistencia a Israel, fortalecer los compromisos con la OTAN y asumir una postura de contención frente a China.
La elección es también simbólica: Harris sería la primera mujer en llegar a la presidencia de Estados Unidos si gana, y Trump sería el primer expresidente en más de un siglo en recuperar el cargo después de perder una elección. Sin un claro pronóstico sobre quién sucederá a Joe Biden, este enfrentamiento marca un punto de inflexión para Estados Unidos y el mundo.
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