La intendenta denuncia sobreprecios en la energía eléctrica, mientras los concejales opositores evitaron interpelarla. ¿Y los servicios que pagan los cauceteros?
La disputa entre la Municipalidad de Caucete y la empresa DECSA, por una deuda millonaria en concepto de energía eléctrica, sigue escalando. En el centro de la escena, la intendenta Romina Rosas asegura que los montos reclamados por la empresa son incorrectos y lanzó una auditoría interna, financiada con fondos municipales, para demostrarlo.
Rosas sostiene que las mediciones son erradas y que el pueblo está pagando de más, incluso por el consumo de edificios municipales. Según su postura, su decisión apunta a defender a los vecinos y cuestionar el sistema de facturación de DECSA.
Por su parte, la empresa no respondió con confrontación, pero tampoco respaldó la auditoría. Apostó a un tono más conciliador, asegurando que están dispuestos a dialogar para encontrar una solución antes de judicializar el conflicto.
Golpe de efecto en el Concejo
En medio de este cruce, el Concejo Deliberante se convirtió en nuevo foco de tensión. La oposición, que había exigido explicaciones, se negó a interpelar a la intendenta, pese a que ella misma se presentó en el recinto. Alegaron que la convocatoria era inválida por cuestiones formales, lo que generó más confusión que certezas.
Desde el oficialismo se interpretó la actitud como una jugada política para evadir el debate. En cambio, los opositores insistieron en que Rosas debía notificarse de manera oficial y respetar los procedimientos de la Carta Orgánica.
En todo este cruce institucional, los más perjudicados siguen siendo los vecinos cauceteros, quienes pagan todos los meses el servicio eléctrico, incluyendo el alumbrado público y el consumo de las oficinas municipales. Un punto que hasta ahora no ha sido puesto en discusión por ningún sector político.
El malestar ciudadano crece y muchas voces se preguntan:
“¿Qué están haciendo los concejales por nosotros? ¿Por qué nadie habla de cortar privilegios o mejorar el sistema?”.
Mientras las diferencias políticas se profundizan, los problemas reales siguen sin resolverse. La deuda crece, los servicios no mejoran y la política, una vez más, parece más concentrada en ganar la pulseada que en ofrecer soluciones concretas.
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